Mil motivos para rebelarse, mil pantallas que lo impiden. Sobre la utilización de cámaras en las movilizaciones.

Compartimos este texto sacado de la página de lxs compas de Briega. En él se trata un tema que para nosotrxs es cada vez más urgente (re)plantear: la falsa necesidad de grabar cada acto de nuestras vidas, incluidos momentos en los que actuamos ilegalmente o que, aun no siéndolos, puede servir para afinar el control.

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Mil motivos para rebelarse, mil pantallas que lo impiden. Sobre la utilización de cámaras en las movilizaciones.

Hace ya unos años unas cuantas personas implicadas en los movimientos sociales de Cantabria recibieron una notificación de que estaban imputadas por participar en un escrache al entonces presidente de Cantabria Ignacio Diego.

El 17 de Febrero de 2015, día del escrache, no hubo tantas identificaciones como imputaciones posteriores. Esto quiere decir que estas personas fueron llevadas a juicio mediante la identificación visual. Aunque en el campus universitario de la UC hay cámaras de videovigilancia, sin duda muchas de las imágenes grabadas en aquella acción no fueron captadas por éstas, sino de las propias manifestantes.

Afortunadamente, las personas imputadas ya no tienen nada que temer al respecto, pues han sido absueltas. Sin embargo, la lógica de fotografiar, grabar, retransmitir y divulgar todo cuanto hacemos y cada uno de nuestros movimientos en manifestaciones, concentraciones y otras acciones de diverso tipo está integrada hasta la médula en militancias y/o activismos varios. Por ello parece importante poner de ejemplo el caso represivo de “Preguntar No Es Delito” por las graves consecuencias que tuvo para quienes lo vivieron en primera persona. Sin embargo, cualquier acción actual podría servir para abordar esta cuestión.

Si bien el contexto desarrollado e hipertecnologizado que vivimos impone unos medios y unas formas de hacer concretas, la apropiación acrítica de estos medios por parte de los movimientos que quieren subvertir el orden social, (si es que quieren subvertirlo) nos parece una carencia y/o un punto que señalar.

Si nos retrotraemos a antes del 2015 e incluso antes del 2011, época del 15M, momento culmen en esta práctica de retransmitir la calle en Internet a través de las inexplicablemente llamadas “redes sociales”, no era tan raro encontrar manifestaciones en Cantabria con una cultura de la seguridad caracterizada por llevar rostros encapuchados y cortar a quienes se ponían a grabar. El hecho de que estos ejemplos no sólo tuviesen como causa ese cuidado consciente frente a la represión, sino otros factores como el estético, es otro tema a parte que no invalida el primero. La cuestión es que por lo menos existían muestras de una conciencia de lo que puede suponer la represión e intenciones de ponerlo un poco más difícil a quienes se encargan de llevarla a cabo.

Pero nuestro presente se ha mediatizado hasta tal punto de que está dejando de existir como tal. Hablamos de manifestaciones antifascistas con cámaras por todos lados con los rostros de sus participantes; de concentraciones contra desahucios en el que hay más periodistas y flases que personas solidarias con la causa; marchas con vídeos en los que se escuchan hasta las conversaciones informales del recorrido; debates a disposición de cualquiera que quiera, sin necesidad de habitar el espacio en el que se llevan a cabo; y un largo etcétera de sinsentidos en la mayoría de las veces probablemente bienintencionados, pero no por ello exentos de responsabilidad frente a lo que implican.

Algunos de los motivos por lo que creemos que esto pasa son:

 

La dependencia de la opinión pública y la prensa:

Muchas personas empiezan a politizarse bajo el paraguas de la música y la cultura. Muchas canciones protesta hablan de los medios de desinformación, de la manipulación, de los intereses que mueven a los Mass Media, del periodismo mercenario, etc. Sin embargo, la crítica no suele pasar del victimismo y aunque nos manipulen, la entrega y dependencia en las dinámicas militantes y/o activistas es enérgica. De esta manera, la opinión pública se presenta como una de las formas más eficaces de ejercer el control preventivo de quienes salen a la calle a protestar.

Toda una serie de dinámicas y comportamientos reprimidos para que la prensa hable bien de nosotrxs. Sin embargo, la opinión pública es como un fantasma. Sólo existe cuando la temes, porque en cuanto nos atrevemos a contactar con la gente en la calle, nos damos cuenta que no todo el mundo piensa como la tele dice, que nuestros miedos al rechazo no responden por completo a la realidad y que el pensamiento único no está tan instaurado como a muchxs les gustaría.

Preparamos las cámaras para captar aquellas imágenes que representan aquello que es tolerable por el sistema, aquello que la prensa es capaz de digerir y procesar.  La prensa y el temor a sus titulares domestican y homogeinizan nuestras movilizaciones. Incluso cuando algunxs se esfuerzan porque todxs salgamos bien en la foto, no caigamos en provocaciones ni demos una “mala” imagen, tampoco suelen poder evitar que las noticias salgan al día siguiente tachando de vagos, marginales y/o violentxs cuando es necesario.

 

La obsesión por la cantidad:

Uno de los fines que habitan en los motivos que nos llevan a grabar todo es la obsesión por ser muchxs, o mejor dicho, por aportar esa imagen. La demostración de fuerza no se mide ya en aspectos cualitativos como podría ser el hecho de cumplir los objetivos de una acción, sea cual sea, o el de intervenir de otras formas que no sean la búsqueda de la gran foto, como cortar una carretera para ser más visibles a pesar del número de personas que seamos. Se mide en términos cuantitativos. En función de cuantxs seamos, estaremos más legitimadxs para actuar y si no somos muchxs, aunque no cancelemos la actividad, entonces lo más importante es que las fotos saquen la panorámica que pueda grabar más cabezas por metro cuadrado posible. Eso es lo que el periodismo sabe recabar mejor: lo medible, lo contable. De la misma manera, las cámaras que casi todxs llevamos en nuestros móviles también responden a una lógica del cálculo y las cuentas. La dignidad de una causa la valoramos en función de cuántas personas acuden a un acto. Es el principio demócrata de que la legitimidad lo dictamina la mayoría y algo es legítimo y justo si la mayoría lo ampara. Es así como reproducimos el orden social que decimos querer cambiar.

 

La ingenuidad ante la represión:

La represión no ocurre únicamente si haces algo que está fuera de los márgenes de la legalidad. La represión opera en el mismo momento en el que no decidimos por dónde, cómo, ni cuándo llevaremos a cabo nuestras protestas. No obstante, aquello que más comúnmente entendemos por represión, a golpe de multas y/o detenciones, no ocurre sin una previa preparación. Quienes no entienden por qué protegerse de las cámaras, pues no comprenden por qué hay que esconderse, están pensando que el poder sólo ejerce su violencia cuando responde a un acto ilegal, así como la prensa sólo contará “malas cosas” cuando no nos esforcemos en aparentar una postura correcta. Al fin y al cabo es como decir que la justicia nos protege y que la prensa nos ayuda.

Sin embargo estamos en la era de las identificaciones visuales y el desarrollo tecnológico de mecanismos de control que permiten encausar y destrozar la vida a personas sin que nadie se entere. Esto sucede gracias al silencio que brinda seleccionar a la futura persona represaliada y no intervenir necesariamente en el acto, de tal manera que no pueda haber una respuesta colectiva inmediata y gestos de solidaridad y rechazo. La carta al buzón o el portazo en la puerta son los siguientes pasos.

El infierno de seres aislados en la virtualidad se refuerza con esta represión medida y discreta, pero también con la continua lluvia de fotos y grabaciones sin criterio que ahorran trabajo a las fuerzas de seguridad y trasladan el campo de batalla de la calle a internet.

Mientras la burbuja de impotencia y frustración se retroalimenta en las “redes” con burlas, insultos y descalificaciones entre contrincantes políticos de distintas ramas ideológicas de derecha a izquierda y más allá, todas esas imágenes utilizadas, sirven de base de datos para la represión en curso.

Como muchos medios que se utilizan hoy en día y a pesar de las contradicciones, las fotos pueden ser útiles en ciertos casos, Dar a conocer una redada racista de la policía,  difundir una injusticia para alimentar la solidaridad y la contestación, o demostrar una versión que ayude a defendernos legalmente de lo que se nos acusa (si es que así queremos actuar) etc. Una vez más volvemos a Preguntar No Es Delito para ejemplarizar esta cuestión, ya que una de las pruebas más importantes a favor de lxs compañerxs fue un vídeo llamado “El Subjetivo” hecho por ellxs mismxs para defenderse.

Por ello, la propuesta es no dar las cosas por hecho, no hacer de nuestras acciones reality shows, no utilizar las herramientas acríticamente, tener en cuenta a quién benefician realmente nuestras dinámicas, si a la represión o a la libertad, y actuar en consecuencia.

Autor: Gente que se moviliza

 

“Los demás animales pueden ser distintos a nosotres, pero nunca superiores”: Sobre la supuesta “superioridad evolutiva” del ser humano.

Compartimos esta reflexión, que cuestiona y critica la supuesta superiodad evolutiva de lxs humanxs sobre las otras especies.

Gracias a quienes nos mandan sus textos y aportes para poder generar debate y afilar nuestras ideas.

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Estos días, una persona, que se autodenominaba como antiespecista y lleva una vida vegana, se refirió varias veces al resto de animales como “inferiores evolutivamente”. Por nuestra parte, y dado que no es la primera vez que nos encontramos este tipo de lenguaje y creencias incluso dentro de entornos que presuntamente persiguen el fin de toda discriminación y opresión sobre les demás animales, queríamos reflexionar brevemente sobre este asunto.

Por un lado, queremos hacer referencia al absurdo que para nosotres supone priorizar un cierto tipo de “evolución” frente a otres. Hay animales capaces de volar, otros con una gran capacidad de resiliencia que les permite adaptarse hasta a las condiciones más extremas, otros que pueden pasar largos períodos sin alimento, o que cuentan con un impresionante sentido del olfato o del oído que les permite comunicarse a larga distancia o detectar y esquivar amenazas con la suficiente antelación, como algunas aves o ciertos mamíferos tanto terrestres como marinos. Sin embargo, el ser humano no puede hacer ninguna de estas cosas, y no pasa nada porque tenemos otras cualidades y ventajas. El problema viene cuando esas ventajas nuestras se colocan por encima de las de otras especies y se usan como excusa para dominar. No somos superiores porque en una carrera en campo abierto, hay infinidad de animales que nos derrotarían de forma aplastante, porque ante una caída de gran altura no podemos retomar el vuelo y evitar estamparnos contra el suelo ni tampoco podemos huir de quien nos ataca simplemente agitando las alas y elevándonos en el cielo, y porque en un medio como el agua somos vulnerables, lentos y torpes. Nuestra supuesta superioridad, como siempre, es relativa y se encuentra condicionada por la mirada y los valores de quién observa y juzga. Considerar que una serie de aptitudes humanas están por encima de otras aptitudes en las que otras especies destacan pero de las que nosotres carecemos es especista.

Por otro lado, nos interesa también hacer una última reflexión sobre un argumento, no menos especista y antropocéntrico, que nos hemos encontrado debatiendo sobre ésto con más personas. Nos decían que da igual que el ser humano carezca de esas otras ventajas porque su, de nuevo, presunta superioridad evolutiva, nos permitía suplir esa carencia con diferentes aparatos, máquinas, ingenios. Por ejemplo, no necesitamos saber volar porque podemos fabricar aviones, no necesitamos un gran oído sensible a ultrasonidos porque hemos inventado los radares, no necesitamos una gran velocidad física porque hemos inventado armas de fuego que disparan proyectiles mucho más deprisa de lo que cualquier animal puede correr y coches y otros vehículos que nos permiten viajar a la velocidad que queramos. Para muches, ésto nos hace superiores. No obstante, si hablamos en términos estrictamente evolutivos, ésto es una falacia del tamaño de una catedral. Precisamente, si hemos necesitado todo eso es porque no hemos evolucionado en esos términos. Y queremos repetir que ésto, per se, no es malo, no es malo que una especie no pueda volar o no pueda moverse a gran velocidad, porque eso es lo que nos hace diferentes y nos mantiene en equilibrio. Lo que sí nos parece vomitivo es usar esas diferencias para justificar la violencia sobre otras especies, porque entonces la nuestra debería ser el principal objetivo de esa discriminación, pues no solo no ha sido capaz de desarrollarse por sí misma y ha necesitado accesorios, sino que aun por encima es la única especie que no pudiendo adaptarse a su medio de forma natural, ha decidido destruirlo y transformarlo hasta que sea el entorno el que responda a nuestras necesidades. El resto de especies también modifican, en algunos casos, su entorno natural, es cierto, los castores construyen diques en los ríos y los conejos madrigueras. La diferencia es que esos animales, aun a pesar de esas modificaciones, logran habitar ese entorno siendo parte de un equilibrio y adaptándose a sus condiciones, mientras que nosotres no. Las demás especies juegan en un plano distinto, o se adaptan o desaparecen. Nosotres, en cambio, hemos hecho trampa y hemos salido del tablero, siguiendo un camino que solo nos ha conducido a alejarnos cada vez más de nuestra naturaleza y de nuestro propio ser.

También hubo quien dijo que los animales “no pueden hablar” y nosotres sí, con lo que nosotres somos quienes deberíamos usar nuestro lenguaje y nuestra capacidad para protegerles. Nos preguntamos, ¿en qué se puede basar el argumento de una supuesta superioridad evolutiva del ser humano sobre el resto de especies? Lo único que se nos ocurre es precisamente eso, nuestra capacidad para establecer razonamientos complejos a través del lenguaje simbólico. Es cierto, podemos alcanzar niveles de raciocinio y desarrollar unos vehículos para la comunicación que no alcanzaron las demás especies y que nos ha permitido un nivel mayor de desarrollo técnico. Aun así, nosotres no creemos que los otros animales “no puedan hablar”, pues está demostrado que la mayoría de especies, por no decir todas, tienen sus métodos para comunicarse y aunque no sean como el nuestro eso no los hace menos válidos. ¿Ese lenguaje nos ha permitido llegar hasta aquí? Sí, pero… ¿para qué?

La historia del progreso humano – entendiendo aquí el progreso según la lógica colonial, patriarcal, antropocéntrica de Occidente – es una historia de explotación, opresión, desigualdad, violencia, que empieza cuando el ser humano aprendió a domesticar a la naturaleza y al resto de criaturas, y que no solo ha perjudicado a aquelles individues no humanes sino también a todes aquelles humanes que se encontraban fuera de los marcos delimitados por esa hegemonía civilizatoria (pueblos nativos e indígenas, personas con otras raíces culturales distintas a las de les colonizadores, personas racializadas, etc.). Para nosotres, tal superioridad solo nos ha traído desgracia, y nos ha embrutecido, definiendo nuevas fronteras, nuevas otredades, nuevas jerarquías.

Por todos estos motivos, nosotres no nos sentimos, ni nos reconocemos, como evolutivamente superiores a nadie. El resto de especies son diferentes a nosotres, pero nunca inferiores, y basar la lucha contra el especismo en una especie de tutela necesaria porque al “darnos cuenta de nuestra superioridad” tenemos alguna clase de “deber moral” nos parece un error. Nosotres no luchamos contra la opresión al resto de especies porque pensemos que el ser humano, como ente supuestamente superior, debe protegerles, sino porque odiamos las cadenas, las jaulas, la autoridad y la dominación, se ejerza sobre quién se ejerza, porque nos da asco el poder que nos oprime pero también aquel con el que nosotres oprimimos a otres.

Porque queremos un mundo de libertad absoluta, autodeterminar salvajes nuestra existencia y nuestros deseos, lejos de esta civilización y sus muros, sus jaulas, sus órdenes y sus categorías.

 

 

[Venezuela] Ni dictadura ni democracia. Nuestra propuesta es el conflicto y la autoorganización.

Compartimos este texto, escrito por Grupo de Afinidades Libertarias, que desarrollan su actividad en el territorio dominado por el estado Venezolano. En él, se analizan los acontecimientos que se han precipitado ultimamente por allá desde una perspectiva anarquista.

 

 

NI DICTADURA, NI DEMOCRACIA.
POR LA AUTOORGANIZACIÓN Y AGUDIZACIÓN DEL CONFLICTO SOCIAL.

I

Hoy asistimos puntuales a un nuevo capítulo del ciclo histórico abierto por la insurgencia de las multitudes a finales del siglo pasado y comienzos de éste contra la ofensiva de la sociedad bélico-espectacular, capítulo que hoy se da cita en el territorio controlado por el estado venezolano. Punto de encuentro de contradicciones y conflicto, que fue llamado a inaugurar -con el Caracazo- tal ciclo de ascenso de la conflictividad social y política que tanto la oposición burguesa como el chavismo desean cerrar -con diferentes variantes y ritmos- a favor de la reestructuración de la sociedad capitalista.

II

En éste capítulo de la trama histórica se sitúan por un lado el gobierno y estado chavista, punta de lanza de los gobiernos progresistas latinoamericanos que hoy se debaten entre la retirada organizada y la desbandada, ya cumplido su rol de disciplinar y domesticar a las multitudes con el precio de las materias primas en alza mientras se adecuaban a las demandas del saqueo capitalista. Para luego implementar y realizar el ajuste y la represión que los gobiernos neo-liberales no pudieron realizar.

Así el gobierno encabezado por Nicolás Maduro y la canalla militar en la que se asienta y basa su poder de fuego, responsable de más de 250 asesinatos en protestas sociales desde 2013 a manos del aparato represivo- y en los que se incluye más de 35 asesinatos en los últimos 10 días-, de centenas de ejecuciones extrajudiciales tanto en las calles y barrios como en las cárceles en los últimos lustros, de persecución, enjuiciamiento y asesinato a lxs luchadorxs sociales, enormes tasas de femicidios y travesticidios con complicidad y encubrimiento del poder judicial, además de los miles de casos de desnutrición y muertes en los hospitales.

Mismo gobierno que cedió el 15% del territorio al capital extractivista para la extracción de oro, bauxita, coltan, etc en minería a cielo abierto, con el Arco Minero del Orinoco-A.M.O- así adecuando al territorio y las multitudes a las exigencias del capital global y la construcción de la infraestructura para su saqueo (IIRSA), mientras profundiza la subordinación y la injerencia en el territorio de los estados rusos y chinos mediante préstamos, endeudamiento y concesiones.

III

Por otro lado la oposición burguesa, abanderada de la reconfiguración y actual ofensiva del capitalismo bélico-espectacular que se extiende en el territorio latinoamericano, vástagos de la vetusta oligarquía venezolana y su programa neo-liberal esbozado en su “Plan País”, donde verbigracia del empresariado y su totalitaria lógica de la ganancia esculpirían la reconstrucción nacional a manos del FMI y el capital global.

Misma oposición que actualmente le suplica a gritos a una facción milica descontenta en el reparto del poder, así apoyándose en el infame tio Sam y el derechaje latinoamericano y mundial para promover una salida e intervención a su favor en la disputa por la gestión del orden político y social al postular una eventual transición de las manos del militar y de la jauría imperial. Así el capital bélico-espectacular nucleado en los E.E.U.U y sus estados satelies son el arma que esgrime la oposición burguesa, para destrabar el conflicto y marcar un antecedente en las formas de intervención del capital global en el territorio latinoamericano –forma de intervención que tiene su eco en el siglo pasado- para construir y consolidar una ofensiva de los estados y el capital en Latinoamérica así dar cierre al ciclo histórico abierto por el Caracazo.

IV

Nuestra propuesta: el conflicto. En este marco, no hay nada que valga la pena defender ni rescatar, llámese democracia, derechos, revolución, libertades democráticas, socialismo. No se hace la limpieza en una casa que se derrumba. La resistencia defensiva no tiene el más mínimo sentido sino como pasaje a la ofensiva autoorganizada desde las bases autónomas y horizontales agudizando la conflictividad social –a la que tanto le temen tanto la oposición burguesa y el chavismo- en las calles, barrios, campo, fabricas, liceos, universidades, etc.

Ya que ningún estado, gobierno o autoridad de cualquier índole resolverá los problemas de la multitud, incluso el problema de la multitud es la autoridad en todas sus manifestaciones, así solo la propia fuerza, el desarrollo de las organizaciones y métodos combativos al calor del conflicto social y su agudización mediante la acción directa, además de la necesaria coordinación de las acciones y extensión de la solidaridad como arma entre las multitudes, serían el derrotero que marcaría una brecha en el horizonte diferente a las tormentas conjuradas por el poder que se ciernen sobre nuestras cabezas. Es decir: La emancipación de las multitudes será obra de las multitudes mismas

NI MADURO, NI GUAIDO!
NI DICATDURA, NI DEMOCRACIA!
NINGUN ESTADO O IMPERIO NOS DARÁ LIBERTAD!
LA EMANCIPACIÓN DE LAS MULTITUD ES OBRA DE LA MULTITUD MISMA!

Grupo de Afinidades Libertarias
Febrero, 2019.

[Publicación]” No intentéis pararnos, explotaremos…”

Lxs compas de La Rebelión de las Palabras se han currado la traducción y maquetación del texto “No intentéis Rompernos, Explotaremos… La cumbre del G20 en 2017 y la batalla de Hamburgo. Un análisis y recuento completo”

El texto orgininal es del colectivo anarquista asentanto en los EUA CrimenthINC, presentes allá esos días y que por lo tanto pudieron recopilar de primera mano la información para su posteior análisis.

El texto y la introducción de lxs compas editorxs:

Aunque ha pasado más de un año desde la cumbre del G20 en Hamburgo y las grandes movilizaciones que se dieron en respuesta, creemos que faltaba una edición en castellano de este escrito. La intención es tanto ponerla a disposición de quienes tengan interés en leerla y en conocer un poco más a fondo una valoración, análisis y resumen de lo que fueron aquellos días, como recordar a todes que hay personas que siguen encausadas por su participación o presunta participación en aquellas protestas, y que en el Estado Español, compañeros de Palencia y Madrid tendrán pronto el juicio donde les piden varios años de cárcel y el pago de enormes cantidades de dinero.

Por eso, al traducir y publicar este material no solo queremos recordar que ocurrió, que durante varios días, la férrea seguridad desplegada por el Estado alemán para blindar la cumbre fue totalmente desbordada y humillada, logrando suspender el control y la maquinaria represiva en momentos en los que precisamente el gobierno de Merkel y la Unión Europea pretendían demostrar con mayor dureza la supuesta inexpugnabilidad de su mundo; también queremos animar a continuar extendiendo la solidaridad y el ataque.

Os dejamos la introducción que redactamos para la edición en castellano y los enlaces para descargar.

Solidaridad con todes les encausades. ¡Nada ha terminado!

Para descargar o leer online:

 

Durante los días 5, 6 y 7 del mes de julio del año 2017, los líderes de la política y de la economía de este mundo se reunieron para una nueva cumbre del G20 en la que continuar articulando sus dictados de explotación y miseria. El escenario que escogieron fue Hamburgo, desafiando al fuerte movimiento popular de aquella ciudad que en los últimos años fue escenario de numerosos conflictos sociales. La respuesta fueron 3 días de manifestaciones masivas y miles de acciones descentralizadas por parte de activistas llegadas desde toda Europa y de más allá. Bloqueos de infraestructura, actos de desobediencia civil, sabotajes y enfrentamientos con la policía, que perdió por completo el control de la situación, destrozaron la imagen de una paz social triste, devolviendo al terreno de lo concreto, de lo posible, lo que en otros momentos no pasa de ser simple teoría.

Como era de esperar, la represión desatada tanto durante los días de la cumbre como en las semanas y meses posteriores fue enorme y a un año y medio desde la revuelta de Hamburgo nos encontramos con un saldo represivo de grandes dimensiones gracias a la cooperación internacional entre cuerpos policiales. Registros y allanamientos en viviendas particulares, espacios okupados y centros sociales en Alemania, Italia, Francia, Suiza o aquí, en el Estado Español, detenciones, encarcelamientos, causas abiertas. Algunas de esas personas represaliadas ya están en prisión, otras se encuentran en la calle tras haber pasado un tiempo encerradas y la mayoría esperan en “libertad” a que llegue el juicio. Nosotras queremos mostrar nuestra solidaridad con ellas, y por eso hemos decidido traducir y maquetar el texto que en su momento publicó el colectivo CrimethINC. haciendo un recuento y un interesante análisis sobre lo que sucedió en aquellos días, con la intención de reactivar la memoria sobre aquellas movilizaciones y de animar a estar atentas a las actualizaciones en la situación de las compañeras encausadas.

Lo que se vivió en Hamburgo durante la cumbre del G20 puede verse como una simple explosión de rabia frente a un contexto muy concreto y que fue posible solo gracias a la confluencia de una gran cantidad de luchadoras fruto del llamado a ese evento en particular y que por lo tanto no tuvo o va a tener unas repercusiones reales sobre el escenario en general al que se enfrentan nuestras respectivas proyectualidades en el plano del día a día, pero nosotras preferimos verlo como el resultado de un gran trabajo previo de organización y preparación y de toda la campaña previa que rodeó a la convocatoria y valorar el esfuerzo que hay tras la labor de miles de compañeras para sostener la contracumbre y el volumen de necesidades de alimento, acogida y cuidados de quienes acudieron pero sobre todo, queremos verlo como una posibilidad, la posibilidad de suspender el control del Estado y de la mercancía sobre nuestras vidas, de liberar nuestro aliento y nuestros latidos de la frenética taquicardia a la que nos somete este mundo con sus valores, sus obligaciones, sus premios, sus castigos, sus deberes, sus normas, sus leyes, y de encontrarnos en la calle para mucho más que para romper escaparates, incendiar coches de lujo o atacar a quienes protegen a los amos, encontrarnos para hablar, para mirarnos a los ojos y poner en común estrategias, inquietudes, tácticas o deseos, y para llevar a cabo lo que por separado jamás podremos hacer. Pero para que tal cosa pueda llegar a convertirse en algo corriente y no solo en el espectáculo fijado por las agendas de nuestros enemigos, es necesario plantearnos nuestros propios compromisos y avanzar en la creación de redes y estructuras con las que poner en jaque al orden existente una y otra vez.

Las cárceles no son feministas.

Compartimos el texto de las compañeras de C.A.M.P.A., Colectivo de Apoyo a Mujeres Presas de Aragón.

Estamos más que acostumbradxs a que tras un asesinato o agresión machista, el populismo punitivo lo impregne todo. Y a esto no escapa el feminismo, o al menos una parte de él.

En el texto las compañeras atacan esa idea y defienden como la lucha feminista debe ser capaz de elaborar otras respuestas.

 

En relación al caso de Laura Luelmo muchas voces feministas han clamado a la sororidad, a nombrarlo violencia de género, a querer ser libres y no valientes al volver a casa…relacionando esto, una vez más, con la petición de cárcel o de penas más duras para los sujetos acusados de este tipo de actos.

La mediatización de los crímenes más terribles (y su impacto emocional en la sociedad) crea un caldo de cultivo fabuloso para implementar políticas en materia penal, lo que se conoce como populismo punitivo. El populismo punitivo tiene su base en el pensamiento neoliberal según el cual las responsabilidades son individuales y la sociedad es una suma de voluntades libres, admitiendo que no existen los condicionantes materiales o que no se construye nuestra personalidad en base a interacciones sociales.

Implantar la prisión permanente revisable en los casos de crímenes sexuales no va a contribuir a que los hombres dejen de matar ni agredir a mujeres; lo que sí va a hacer es reforzar la idea de que las responsabilidades son exclusivamente individuales1.

El internamiento penitenciario, con su carácter de institución total, genera por sí mismo un alto grado de conflictividad. La cárcel ―usando su terminología― no disminuye el crimen y además no “resocializa” a los/as condenados/as, es decir, no mejora las condiciones sociales ni personales, sino que únicamente las deteriora. El efecto disuasorio de la pena (a mayores penas, menor número de delitos) es un mito. Los crímenes son, en la inmensa mayoría de los casos, producto de vacíos y fallos en la estructura social del sistema, entre ellos se pueden encontrar la educación sexual y afectiva, las precarias condiciones económicas, la ausencia del acceso a recursos sociales, etc. Por ello, el castigo individual carece de utilidad en el sentido de solución o restablecimiento del daño.

El sistema penitenciario reproduce y legitima las desigualdades estructurales sobre las que se asienta. Desde C.A.M.P.A. se aboga por la abolición de las prisiones como alternativa al hecho de que seguir manteniendo el sistema penitenciario signifique seguir sosteniendo el deterioro de las relaciones sociales y de las condiciones de las personas. La filósofa Angela Davis, propone que las medidas para la eliminación de estos mecanismos punitivos instaurarían, poco a poco, las propias alternativas a la prisión2.

Se necesita exigir un sistema garantista en cuanto a derechos (salud, trabajo, vivienda, etc.) y alternativas basadas en el cuidado y la protección real de las personas; un sistema que revitalice la educación a todos los niveles desde un punto de vista antipunitivista y transfeminista. Esto supondría, por ejemplo, abogar por una justicia restaurativa para mediar entre la reparación y la reconciliación con las personas envueltas en el conflicto y la comunidad, favoreciendo así la cohesión y no la ruptura del tejido social. Cambiar el poder de intervención en la sociedad a nuestro bando.

Involucrar a la comunidad

También se pone de relieve la necesidad de replantear el sistema penal (la relación entre crimen y castigo), involucrando a la comunidad como elemento necesario para la labor educativa y como espacio para generar lazos y redes de apoyo. El principal efecto negativo del punitivismo (endurecer las penas, implantar la cadena perpetua…) es que nunca parte de un análisis de las causas de los problemas sociales (apoyado en la falacia de que da igual la causa que si el castigo es duro no se cometerá de nuevo el delito).

El punitivismo, por tanto, obvia el feminismo, obvia las causas y considera que los delitos son exclusivamente responsabilidad de las personas que los cometen y las únicas medidas que se toman al respecto están basadas en el castigo y no en la reparación de los daños.

Si tratamos la violencia machista como una serie de problemas individuales que no están entrelazados entre sí, con ello sólo conseguiremos invisibilizar su causa: la estructura heteropatriarcal que actúa como nexo en toda esta problemática. Así, suscribimos las palabras de Laia Sierra: “es legítimo, comprensible y respetable que desde el dolor se pueda reivindicar ‘mano dura’ contra los victimarios, pero la empatía y solidaridad con las víctimas y con las supervivientes no nos puede llevar a aceptar que el Estado guíe su política criminal en relación a ello’3.

Dejar de poner el foco en el castigo

Desde los feminismos tenemos ciertas responsabilidades a este respecto. Es otra lógica, diferente a la impuesta desde el sistema heteropatriarcal, en la que debemos indagar y comenzar a pensar el lugar dónde nos situamos, en este caso, dentro del circuito del sistema penal.

Si a nosotras “mujeres agredidas” (y podemos extender esto a otros colectivos), a las que se les nos debe proteger y las que, para protegernos, tenemos que vivir con miedo, cautas, inseguras…se nos ubica, también desde cierto feminismo, en la categoría de víctimas ¿Quién va a ser y en qué lugar se encuentra ese “ente salvador”? ¿En el Estado, en el sistema penal, en la justicia, en los hombres que no agreden? ¿Esos son los salvadores?

La antropóloga Rita Segato, en su libro La guerra contra las mujeres apunta: “Esa construcción colonial moderna del valor residual del destino de las mujeres es lo que necesitamos desmontar, oponer y reencaminar, porque es de este esquema binario y minorizador que se derivan no sólo los daños que afectan a la vida de las mujeres, sino que también se expresan los males que afectan a la sociedad contemporánea como un todo”.

¿Qué va a contribuir a que la sociedad se transforme? Hay que destacar el valor y el potencial de las miles de personas que salen a la calle, a las concentraciones y paros en los que se expresar su rechazo ante la violencia patriarcal. Dejemos de poner el foco en el castigo, dejemos de pensar que la culpa es individual y utilicemos toda esa potencia para generar posibilidades de cambio social desde la raíz.

¿Quién está en la cárcel?

Afrontar el problema de otra manera es obviar todo lo expuesto por el movimiento feminista. El punitivismo, el castigar individualmente y de la forma más dura, choca frontalmente con la socialización, la colectividad y con el objetivo de trabajar las intersecciones que intervienen en los conflictos sociales de manera fructífera y vital. El punto es cómo educamos a la sociedad para entender el problema de la violencia sexual como un problema político y no moral como bien apunta Segato.

Pensar que la cárcel es necesaria no es más que algo que nos han hecho creer como si fuera un rasgo intrínseco a la vida y a nuestro sistema político y social. Es por ello que no es fácil el deshacernos de esta supuesta necesidad de castigar y de encerrar a las personas en pos de mantener nuestra propia seguridad y la del propio sistema bajo la perversa y falsa premisa de la reinserción, que lo único que hace es precarizar la existencia.

La cárcel se instituye como penalizadora de conflictos que expulsa toda disidencia que cuestione su estructura precisamente para mantenernos dentro del orden establecido. De esta manera podemos comprender que precisamente se encarcela no a las personas según el delito que cometen, sino según sus condiciones sociales: pobres, disidentes, refractarixs, marginadxs. Cuando la representación simbólica de la “maldad” se acoge a denominar mediáticamente un “Otro/a” como enemigo, cambia las condiciones de visibilidad de un problema que es estructural y no individual.

La cárcel pretende ocultar a las personas detenidas etiquetándolas como monstruos delincuentes, de tal manera que generen indiferencia y repulsión a la sociedad. Esta no es más que una manera de desresponsabilizarnos, pues la ciudadanía se siente, así, ajena al criminal y, los funcionarios, ajenos al verdugo4.

La mirada abolicionista es difícil de gestionar cuando la cultura del castigo está arraigada en todos los frentes, tanto en el de los opresores como en el de las oprimidas. Nos basamos desde hace siglos en una cultura del castigo de este Otro, del hereje, de la bruja, del loco, del delincuente, del mafioso, del pedófilo, del terrorista, en definitiva, del enemigo. La cultura así instituida es, en suma, un elemento de adiestramiento y etiquetación mediante el mecanismo pena-castigo para producir subjetividades “a imagen y semejanza” del funcionamiento capitalista.

Se trataría, entonces, de seguir planteando, pensando y construyendo, desde otro lugar, alternativas y estrategias contra sistemas que nos oprimen y nos impiden tener una vida digna y sostenible y que, en definitiva, merezca la pena ser vivida. Es necesario poner a los feminismos a trabajar en este sentido, y no en otros. Poner a los feminismos de nuestro lado. Porque las cárceles no son feministas.

1 «La violencia machista, al ser puesta entre rejas, se presenta como una excepcionalidad individual, separándola de prácticas sociales y violencias cotidianas y convencionales que la posibilitan, invisibilizando el carácter histórico de la sociedad patriarcal y de la actual estructura social de relaciones de poder. Si queremos construir un mundo más justo, más humano, la cárcel no sirve ni para nuestrxs peores enemigxs. Tenemos que ponernos ya a pensar otra manera de solucionar los conflictos que no pasen por la lógica punitivista que únicamente castiga a las personas y no se ocupa de las condiciones que conforman el conflicto». C.A.M.P.A., Como enfrentar el caso de “La manada” desde un transfeminismo antipunitivista. Recurso web: https://campazgz.wordpress.com/2018/05/03/como-enfrentar-el-caso-de-la-manada-desde-un-feminismo-antipunitivista/disciplina y un control para poder ejercer el control sobre esa población.

2 Davis, A. Democracia de la abolición. Prisiones, racismo y violencia. Trotta, Madrid, 2016.

3 Sierra, L. Populismo punitivo o como se instrumentaliza el dolor de las víctimas. Recurso web: http://www.pikaramagazine.com/2018/02/populismo-punitivo-o-como-se-instrumentaliza-el-dolor-de-las-victimas/

4 Guagliardo, V.: De los dolores y las penas. Ensayo abolicionista y sobre la objeción de conciencia. Traficantes de sueños, Madrid, 2013.

  (Colectivo de Apoyo a las Mujeres Presas en Aragón)